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Frenos y Amortiguación

Podemos afirmar que el amortiguador al igual que los frenos nos ayudan tener  mayor efectividad en frenado, es uno de los recambios del coche más importantes que afectan a la seguridad vial y al buen funcionamiento de tu vehículo.

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La inmensa mayoría de conductores no presta mucha atención a los frenos de su vehículo y eso a pesar de que, cuando nos ponemos al volante, la seguridad dependa de ellos. Nos referimos a los frenos de los coches, que son los grandes olvidados: normalmente escuchamos lo importante que es revisar la presión de los neumáticos o los niveles de líquidos del motor, pero rara vez oímos recomendaciones referidas a este componente tan importante.

Con el paso del tiempo y el uso, los amortiguadores sufren un proceso de desgaste. Esto es debido al contacto entre neumáticos y carretera, lo que conlleva consecuencias peligrosas para usuarios y usuarias. Puede que a simple vista no notemos el desgaste, pero suele influir en muchos viajeros, provocándoles hasta mareos.

Síntomas de amortiguadores en mal estado

Desgaste más severo y rápido de las ruedas: los amortiguadores en mal estado provocan que los neumáticos acorten su vida útil hasta un 20%.

Aparición de ruidos en curvas y baches: el sentido auditivo en muchos casos es fundamental para identificar cualquier problema. En este caso, los sonidos suelen aparecer al coger las curvas o al pasar baches o desperfectos en el terreno.

Está desnivelado: puedes observarlo si estacionas tu coche en una superficie llana. Si es así, es urgente cambiar los amortiguadores.

El vehículo rebota en exceso: se aprecia al conducir con tu automóvil y si desde fuera lo empujas hacia abajo y el chasis no se recupera, o lo hace con dificultad. Hay que tener en cuenta también que la suspensión de todos los coches no es la misma.

Se observan manchas de aceite: sustituye tus amortiguadores si al cambiar los neumáticos o mirar debajo del coche hay rastros de aceite en las paredes.

Para aquellos conductores con un vehículo nuevo que no perciben ningún problema, deben saber que los amortiguadores tienen vida útil. Su vida media ronda los 80.000 km, aunque depende de aspectos como la calidad de los componentes, el uso en la conducción, etc. Los fabricantes aconsejan revisarlos anualmente o cada 20.000 km, a partir de los 60.000 km recorridos.

Recuerda que no es necesario que existan anomalías, una inspección preventiva siempre es buena opción para no sufrir graves consecuencias.

Consecuecias de amortiguadores en mal estado

Está comprobado que tener amortiguadores en malas condiciones aumenta las probabilidades de tener un accidente. Es por ello por lo que lo mejor es mantenerlos siempre bajo control para evitar consecuencias como estas:

Disminuye la Seguridad

Puedes tener un accidente

Disminute el Control

Se tiende a sufrir más balanceos y deslizamientos laterales con lo que es más fácil salirse de la vía. Y es que la función de la suspensión es absorber las irregularidades del terreno, evitando que las ruedas pierdan contacto con la superficie.

En la conducción perderemos el manejo de la dirección del vehículo con mayor frecuencia. Se incrementa, por tanto, las probabilidades de que las ruedas tengan menos roce con el suelo.

Puede aparecer a velocidades mucho más reducidas, a diferencia de un coche con amortiguadores en buen estado.

Ante cualquier imprevisto en la carretera, sobre todo a velocidades altas, necesitaremos frenar con más antelación para evitar una colisión. Esto incide directamente en nuestra seguridad y la del resto de ocupantes. La amortiguación en malas condiciones hace que al frenar sea necesario más distancia de frenado. Por ejemplo, en una frenada a 100 km/h la distancia de frenado podría aumentar en 3 metros, más incluso con ABS, dado que el sistema no funcionaría.

Amortiguadores en mal estado estropean otras zonas del motor al contar con una suspensión desestabilizada. Esto provoca que el engranaje del motor trabaje más y en pésimas condiciones, produciendo el conocido como ‘estrés mecánico’. En este caso, por ejemplo, los frenos se usan con más frecuencia y de peor manera.

Notaremos un aumento anormal del consumo de gasolina. Es una consecuencia que sufrirás a largo plazo, sobre todo si no sueles hacer muchos kilómetros al día.

Los dispositivos de seguridad no entienden bien las indicaciones del automóvil al contar con unos amortiguadores en horrorosas facultades.

Con una amortiguación en muy malas condiciones se viaja peor. Lo notarás por el incremento de ruidos y movimientos en el interior del habitáculo a la hora de circular.

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Síntomas de Fallo en los Frenos

Los frenos son el sistema de seguridad activa más importante de un vehículo, ya que es el máximo responsable de detenerlo cuando sea necesario en el menor tiempo posible. En la actualidad, los frenos más habituales son los de disco, pero muchos vehículos antiguos y coches pequeños y urbanos aún equipan frenos de tambor, normalmente en el eje trasero.

El sistema de frenos nos avisa de que algo no funciona correctamente. Por ejemplo, si tu vehículo frena poco, puede deberse a que le quede poco líquido de frenos, que las pastillas o zapatas (oirás chirridos), discos o tambores estén desgastados.

También, si notas el pedal más duro (ofrece más resistencia) puede que haya un problema con el servofreno. Asimismo, si el coche frena mal y pierde líquido es posible que la bomba de freno esté en mal estado.

Por otro lado, si el recorrido del pedal es más largo de lo habitual, puede indicar que hay de fugas o agarrotamiento en de algún elemento del sistema o que existe una avería del ajustador automático. También, si percibes que el pedal está “blando” es posible que se haya introducido aire en el circuito o que el nivel del líquido de freno esté bajo.

Otro síntoma de fallo en el sistema es cuando el coche tiende a “ladearse” al frenar. Si la presión, desgaste y alineación de los neumáticos es correcta, puede que las pastillas de freno estén mal asentadas o que el ajuste de los frenos sea desigual. También puede ocurrir que se haya colado grasa entre la pastilla y el disco, una fuga de líquido o una amortiguación
excesivamente blanda.

Por último, si escuchas chirridos o ruidos puede indicar que el forro de la zapata o de la pastilla se ha desgastado, haciendo que el metal roce con el tambor o en el disco, lo que provoca ruido y defecto en la frenada.

 

Consejos para mantener los Frenos en buen estado

Revisa en Segimon Automoción, tú taller de confianza, cada 20.000 km y antes de desplazamientos largos, el estado de los discos y tambores, el espesor de las pastillas y zapatas, y la superficie de frenado.

Sustituye siempre los frenos por pares (mismo eje). La eficacia de la frenada también depende de que sea estable en las ruedas del mismo eje para conservar la estabilidad del vehículo. No realices reparaciones parciales. Reemplaza el líquido de frenos como máximo cada dos años y utiliza siempre la calidad de líquido recomendada por el fabricante del vehículo. Y siempre que notes que tu vehículo frena tarde o chirría, acude al taller para que lo revisen.

Cuando llegue el momento de sustituir los frenos, elige siempre marcas de primer nivel, que te aportan la máxima calidad, durabilidad y seguridad. Y, una vez sustituidos los discos y/o las pastillas, realiza un rodaje de asentamiento, evitando frenazos durante los primeros 200 a 500 km. Además, no acudas a pasar la ITV hasta no llegar a ese rodaje, ya que la falta de adaptación no permite una frenada eficaz y compensada. 

Y, por supuesto, asegúrate de un montaje profesional, que extreme la limpieza de las zonas de asentamiento, el engrase adecuado de las zonas móviles y la utilización de herramientas adecuadas y líquidos limpiadores y grasas no contaminantes.

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